viernes, 14 de septiembre de 2018

Cuentos de "El Eskrull Achispado" (11)


-Mi buen amigo plebeyo Grima, conocido bajo el nombre de la Kosa entre los miserables humanos, mi regia presencia se conmueve al ver tu monstruosa mole anaranjada de nuevo. ¿Qué ha sido ese alarido? -escribió Rayao Negro con el dedo en el pizarrín que había comprado en los chinos.
-Nada, el Hombre Kosa, que tiene gases -respondió Grima, mirando de soslayo hacia el doctor Sillas-. Yo también te quiero y todo eso, colega -dijo la Kosa-. ¿Cómo tú por aquí? Anda que no ha llovido...
-A mí no me han parecido gases -escribió Rayao Negro, que aunque se hacía el mudo, de oreja iba de perlas, acercándose a la mesa del doctor Sillas.
El Hombre Kosa señaló con ambas manazas fangosas hacia su plato.
-Son los boquerones -aclaró Ojo Falcónido-. Le sientan fatal.
-¿Qué va a ser? -preguntó Marlene Milagros de Todos los Santos desde la barra.
Rayao Negro miró al Hombre Kosa y a Ojo Falcónido un segundo y acabó por darles la espalda y volver junto a Grima. De detrás del Hombre Kosa se escuchó un resoplido que Ojo Falcónido tapó con una pedorreta.
-Debemos decidir qué es lo que tomamos. -Rayao Negro le mostró el pizarrín a Marlene.
-El plural mayestático no te pega, tronco. Eso es más de narradores gilipollas -terció la Kosa.
Sin escribir palabra, Rayao Negro alzó despacio su musculoso brazo hacia la puerta de "El Eskrull Achispado" por la que estaba entrando la familia real antihumana en pleno: Dedusa, Carnac, Gorigon, Tristón, Cristalina y el chucho Manípulas.
-Ahí sí que le has dao, Rayao. Te ha quedao regio, regio. Me quitaría el sombrero, pero me lo robaron anteayer esos mamones de la calle Yanqui.
-¿Qué va a ser entonces? -insistió Marlene poniendo cara larga.
-Un zumo de guanábana y unas aceitunas con hueso para mi augusta figura -le enseñó la pizarrilla Rayao Negro.
-Un Tab y una ración grande de rabas con mucha mayonesa -pidió Dedusa.
-Un agua de Lanjarón y unas nueces de California -dijo Carnac.
-Ginger ale y pistachos para mí, mozuela -pidió Gorigon.
-Yo un gazpacho y chipirones en su tinta -dijo Tristón.
-A Manípulas le pones un pozal de leche semidesnatada y un pernil de ternasco medio hecho -leyó Marlene en el pizarrín.
-Os va a salir la comanda por un pastiñán -dijo la Kosa.
-La familia real no paga un duro -aclaró Marlene, soltando a un tiempo un bufido que hizo temblar sus ebúrneas y estatuarias tetas.

lunes, 3 de septiembre de 2018

Cuentos de "El Eskrull Achispado" (10)


-¡Por las místicas lunas de Muddosord! -exclamó Esteban Rarillo al ver interrumpida su micción en el urinario central- Veo que vosotros también lo habéis sentido.
-Sí, sí -mintió Jalactus a la par que trataba de contraer la vejiga en el urinario de la izquierda.
-Yo no puedo hacer pis -se lamentó Estrella Plateada desde el de la derecha.
-Ni yo, amigo Estrella -dijo el Doctor Rarillo-. Un ente muy poderoso ha hecho acto de presencia en la posada y nos ha...
-No, quiero decir que no tengo agujero -aclaró Estrella, llevándose las manos a la cabeza.
-Ejem... -dijo Jalactus. Estrella y el Doctor Rarillo giraron las cabezas hacia él.
»...CONTRATO DE HERALDÍA
»En GoZenn-la a 14 de marzo de 1966
»De una parte D. Jalactus, mayor de edad, con NIF 00000000, con domicilio a efectos de notificaciones en Aat Chu, en adelante el DEVORADOR CÓSMICO.
»Y de otra, D. Estrella Plateada, mayor de edad, con NIF ________, con domicilio en Periferia Cósmica, en adelante el HERALDO.
»Se reconocen capacidad legal suficiente para suscribir el siguiente contrato de heraldía en exclusiva, el cual regirase por estas cláusulas:
»256º El HERALDO cede al DEVORADOR CÓSMICO los derechos de reproducción durante los próximos 5 (CINCO) millones de años o hasta el deceso del primero, lo que primero acaezca.
»394º El DEVORADOR CÓSMICO taponará, obturará, transmutará, extirpará, transmogrificará o recortará todo aquel orificio y/o protuberancia sito en la zona urogenital y proximidades susceptible de ser utilizado de cualquier modo o manera que distraiga al HERALDO del cumplimiento de su deber ineludible.
»867º Ítem más: En contrapartida, El DEVORADOR CÓSMICO se obliga a eliminar del cuerpo del HERALDO cualquier sensación enojosa, insoslayable y propia de seres inferiores tal como: incontinencia urinaria, diarrea, estreñimiento, fístulas anales, almorranas, dolor testicular, erecciones matutinas, priapismo, satiriasis, ladillas, etcétera -concluyó Jalactus.
-¿Cómo es que has venido a hacer aguas menores? -se extrañó el Doctor Rarillo.
-Por hacer un poco de esprit de corps y todo eso. No me acordaba de que no podía -gimió Estrella Plateada.
-El HERALDO olvidará su condición cósmica de pureza inmaculada durante el trato con el resto de infraseres del universo para poder comprender siquiera someramente sus miserables existencias. Lo pone en la cláusula 1288º. Si es que no nos leemos lo que firmamos y luego pasa lo que pasa -sentenció Jalactus al tiempo que lograba miccionar por fin.
-Menos gritos, Milagritos, que tú no te acuerdas de mi NIF -le reprochó a Jalactus su HERALD... esto, heraldo.

Cuentos de "El Eskrull Achispado" (9)


-¡Ajum! -carraspeó la Kosa sin necesidad por tercera vez.
-Pues es bonito este sitio -se arrancó Bumerang.
-A días -dijo Madame Gueb.
-Parece que tardan -comentó la Kosa, mirándose el Casio de la rocosa muñeca.
-Jalactus está bastante mayor -aclaró ella.
-¿Y?
-Problemas de próstata.
-Oiga -se animó Bumerang- ¿cómo hace usted para ver sus cartas? Lo digo por eso de que está ciega y todo eso...
-Las profetizo sobre la marcha.
-¿Y no le supone mucho esfuerzo? -preguntó Bumerang.
-No más que trabar conversaciones idiotas de ascensor.
-¿Podrías profetizarme qué tal llevo la próstata? -le pidió Grima.
-Soy clarividente, no hago milagros. Que te la vea tu proctólogo.
En ese momento, una pesadez ominosa cargada de electrones sumió en el silencio a todos los parroquianos y, en el excusado, al doctor Rarillo se le cortó el chorro. El silencio no tardó en ser roto, primero por el estruendo contra el suelo de baldosa de un plato de boquerones en vinagre y acto seguido, por el berrido de Minimus al tratar de ocultarse apoyándose contra la mohosa espalda del Hombre Kosa.
-¡AAAAAHHHHH! ¡MIS MANOOOOSSS! ¡ME ARDEEEEENNNN!
El doctor Sillas se encogió de hombros mostrando las palmas de sus pantanosas manazas.
-Si es que no escuchas, Minimus -le echó en cara Ojo Falcónido, bajando los pies de la mesa y girándose para contemplar a la regia figura que entraba por la puerta de "El Eskrull Achispado".
-Hombre, Rayao Negro -saludó Grima, yendo hacia el monarca antihumano y dejando colgado a Bumerang con Madame Gueb.
-Esto... parece que va a llover, ¿no? Está el ambiente muy cargado -dijo Bumerang.
-Voy al baño -se excusó Madame Gueb.
-¿A empolvarse la cara?
-Sí. Después de cambiarle el agua al canario.
-Ah. Nada, nada...
El doctor Sillas echó una ojeada al quejicoso Minimus, que se estaba soplando las palmas y luego miró a Ojo Falcónido, apuntándose con el índice hacia la sien y dándole vueltas.
-Se lleva fatal con su hermano.
El doctor Sillas alzó la barbilla y la protruyó dos veces haciendo bailar sus apestosas carúnculas faciales.
-Cosas de familia, amigo Sillas. Que si el trono es mío, que si te lo birlo y te pongo unas cadenas bien gordas, que si me cargo a los papás sin querer, que si aprisiono a los antihumanos en la zona depresiva... El caso es que Rayao Negro no le dirige la palabra a Minimus desde que nació. Y claro, hablando se entiende la gente -bisbiseó Ojo Falcónido para que Rayao Negro no se pispara.

viernes, 31 de agosto de 2018

Cuentos de "El Eskrull Achispado" (8)

-Venga, va, que te lo presento -se ofreció la Kosa.
-Es que... me da yuyu -titubeó Bumerang.
-¿Y eso?
-Jopé... Él es un tío omnipotente que merienda planetas. Y yo... -Bumerang hizo una larga pausa.
-... lanzas palitroques curvados. ¡Huy! Perdona, tío, lo he vuelto a hacer.
-Sí, eso. Básicamente.
-Es un parroquiano muy enrollao -terció Marlene Milagros de Todos los Santos desde el otro lado de la barra-. Seguro que estará encantado de conocerte.
Bumerang alzó la vista de la barra y de la rompedora delantera de Marlene y esbozó una sonrisa.
-Hala pues -se animó a sí mismo, levantándose.
La Kosa se le adelantó y ambos se acercaron a la mesa de la partida de mus.
-¡A las buenas tardes, colegas! ¿Interrumpo algo? -saludó la Kosa.
-¡Por los 7 anillos de Rasgadorr, claro que sí! -exclamó el Hechicero Sumo, aprovechando para pasarle la seña de tres pitos a su compañero.
-Yo también me alegro de verte, Doctor Rarillo.
-¿Le pasa algo en la lengua? -preguntó Bumerang.
-¡Has hecho seña! ¡Has hecho seña! -Madame Güeb le apuntó con el índice-. ¿Lo has visto, Estrella?
-¿Visto el qué? -preguntó Estrella Plateada.
-La madre que te... -se lamentó Madame Güeb.
-La torpeza de tu intrusión tan solo es comparable a la de los Descerebraos en la Dimensión Negruzca...
-Yo también te quiero, amigo Rarillo. Oye, ¿tenéis un momentito? Es que quería presentarle a tu compi a Bumbury.
-Bumerang...
-Sí, eso, Bumbury. ¿No os importa, verdad? Que hay confianza, hombre. Anda que no nos hemos chupao guardias juntos...
-¡En verdad que tu osadía, Ben Grima, sobrepasa incluso la del mismísimo Barón Gordo! ¡Pienso quejarme a...!
-Tengo pis -dijo Estrella Plateada.
-Te acompaño -comentó Jalactus.
-Ahora que lo dices... -abundó el Doctor Rarillo.
Los tres se fueron al lavabo. La Kosa y Bumerang se quedaron mirando a la pareja de mus de Estrella.
-Yo no hice la mili -aclaró Madame Güeb.


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Sobre “El vuelo del oricú”

Soy un escritor inconstante. Antojadizo, si se quiere. Pueden pasar meses o años desde que termino un proyecto hasta que me lanzo a otro. Para mí escribir, sobre todo si se trata de algo extenso, requiere un cierto estado mental y de ánimo en el que no me encuentro a menudo. Eso y la arrulladora sensación de tener “tiempo por delante”. No escribo todos los días. Ni todos los meses. Intento hacerlo alguna que otra vez al año. Lo primero son las judías. Lo segundo, descansar y pasarlo bien. Escribir no llega ni al bronce en mi hit parade de actividades, me temo.
Es decir, no me lío la manta a la cabeza a menudo. Pero cuando lo hago me entrego como un amante infiel. Con “El vuelo del oricú” me entregué.
Fueron cincuenta mañanas, tardes y a menudo noches dejándome las pestañas ante el monitor, sin apenas días "improductivos", que yo recuerde. Media docena o así de tramas y cerca de 64000 palabras.
Pero la novela no me dio el sí de inmediato. Era tímida. Antes tuve que pasar años camelándome a sus familiares: relatos cortos y largos, poemas e incluso un texto en inglés que escribí en la Escuela de Idiomas. Cuando tuvimos la suficiente confianza y ellos supieron que no los abandonaría, que formarían parte de la novela, el oricú se decidió a alzar el vuelo.
Escribí este libro para divertirme, no para complacer a nadie. Aunque espero que a ti te guste. Y que tú seáis muchos.
Por lo general, suelo aguardar hasta tener tres o cuatro plantones en mi huerto de ideas antes de ponerme a escribir. Los cuatro palos para el sombrajo.
Esta vez, no obstante, fue distinto. Vendí los tomates primero sin haber plantado una semilla. Me puse el disfraz de aventurero –vagabundo suena menos chic– y me fui bailando con Matilda sin preocuparme de lo que vendría después. Las ideas fueron surgiendo a medida que escribía, pero desde el principio supe que mis dedos se adelantaban a ellas. Cada vez que llegaba a un punto ciego (o muerto, flaco, escuálido o tiñoso), me decía: “Ya veré”. Y seguía escribiendo.
Esa sensación incómoda mas excitante de no saber hacia dónde me dirigía me acompañó de principio a fin como nunca antes. Por momentos llegué a sentirme más como lector de mi propia novela que como su autor. Cuando salga en papel por fin, creo que tendré que firmarme un autógrafo.
Quizá por eso mi oricú nació extraño, oscuro, multiforme, proteico. Las diversas tramas, en forma de capítulos cortos, se fueron apuntalando unas a otras como buenamente pudieron. Y contra todo pronóstico, el sombrajo ha resistido hasta ahora.
Ven conmigo a cobijo. Hoy el sol pega fuerte en Anwara.

jueves, 30 de agosto de 2018

Cuentos de "El Eskrull Achispado" (7)



El Hombre Kosa empujó sendas raciones extra de boquerones hacia Minimus y Ojo Falcónido.
-A falta de medusas, buenos son boquerones -aceptó Minimus, sentándose a la mesa.
-Yo es que acabo de merendar -mintió Ojo Falcónido-. ¡Marlene, guapa, un pitufo de tortilla cuando puedas! Por acompañaros más que nada.
El atribulado y feísimo doctor Sillas se sumió a la vez en su plato de boquerones y en las honduras de su amargo fracaso. Minimus podría habernos ilustrado sobre sus pensamientos, pero estando como estaba concentrado en no mancharse de vinagre el traje y dada su modesta capacidad como telépata, dudamos que su transcripción mental hubiera sido muy limpia. Así que nos, el Narrador, trabajaremos por una vez para variar:
El apesadumbrado y deforme doctor Sillas, decíamos, había depositado muchas esperanzas en el carcaj de Ojo Falcónido. Estaba harto de ser el último mono de las Kosas: Ben Grima era el ojito derecho de Marred Comics: chorrocientos mil números con los 4 Fantasiosos, Marred 2x1, pelis taquilleras... Y encima ligón, con lo feo que era el gacho; que si la chavala cegata esa, que si Tunda...
Y de la Cosa Pantanosa mejor no hablar: cómic de culto, guionistas y dibujantes del copón y ese aire de guaperas incomprendido.
Él, el Hombre Kosa, había tenido que esperar 34 años para salir en la gran pantalla y fracasar estrepitosamente. Y siempre más solo que la una en el pantano. Alargó la manaza hacia el plato ante Ojo Falcónido.
-Que dice el doctor Sillas que si seguro que no quieres los boquerones -aclaró Minimus, poniéndose la camisa perdida de vinagre.

domingo, 26 de agosto de 2018

Cuentos de "El Eskrull Achispado" (6)


Mientras Marlene Milagros de Todos los Santos volvía al mostrador a por los boquerones, Ojo Falcónido y Minimus entraron en "El Eskrull Achispado".
-Eh -saludó Bumerang.
-Eh -devolvió el saludo Ojo Falcónido.
La Kosa apuró su cerveza hasta que los recién llegados se sentaron a la mesa del Doctor Sillas.
-¿Lo conoces? -preguntó.
-No -respondió Bumerang.
-¿Entonces?
-Somos del mismo gremio.
-¿El mismo? Ojo Falcónido fue maloso en tiempos, pero anda que no ha llovido...
-No, no es eso.
-No lo pillo.
-El gremio de tíos que tiran cosas con puntería.
-Los sin superpoderes. Huy -cayó en la cuenta la Kosa.
-Sí, esos -admitió Bumerang volviendo a contemplar su tubo vacío.
-¡Milena, chata! ¡Ponle una Ámbar triple malta bien fría al amigo!

-Bueno, usted dirá, doctor Sillas -rompió el hielo Ojo Falcónido tras sentarse con los pies sobre la mesa-. Ah, sí, usted perdone. Minimus...
-Mis habilidades telepáticas son modestas. Será más fácil si os toco a los dos -aclaró Minimus.
-Que corra el aire -le advirtió Ojo Falcónido.
El Hombre Kosa hizo ademán de lavarse las manos. Minimus aguzó su cerosa oreja telepática.
-¿Cómo dice? ¿Le importa repetirlo? Ah, ya, que todo aquel que conoce el miedo arde al contacto de usted. Pues nada, nada. El doctor Sillas pregunta que qué tal ha ido el asuntillo con la Cosa Pantanosa.
-Bueno, bien... -respondió Ojo Falcónido.
El Hombre Kosa empezaba a frotarse las manos.
-O sea, bien para él. Al final no he podido clavarle ni una flechita-ortiga de nada.
-El doctor Sillas dice que desea saber por qué cojones no has podido coserlo a flechazos.
-Lo tenía a huevo cuando me ha llegado un sms de Defective Comics diciéndome que estaban preparando serie nueva de la Cosa Pantanosa y que si quería dejarlo como un colador hablara antes con sus abogados.
Se produjo entonces un silencio embarazoso, que Marlene Milagros de Todos los Santos aprovechó para traer tres raciones bien colmadas de boquerones en vinagre.
-El doctor Sillas dice que no quería más que... -aclaró Minimus sin éxito. Marlene ya se alejaba de vuelta a la barra-. Que da igual, que las deje...