viernes, 19 de abril de 2019

Cuentos de "El Eskrull Achispado" (44)

-¡El Pedrolo del Alma! ¡El portal al Mundo-Pedrolo! ¡Por mis sarnas y eczemas!
-¿No lo tenía Adán Guarro? -preguntó el Lobisome.
-No sé. Yo me lo ferié en eBay. Me costó una pastizara; para alguien que no sea rey como yo, se entiende. El caso es que estáis aquí para buscármelo.
-Haber llamado al Doctor Rarillo o al Hermano Yuyu, hombre, o sea, su alteza -dijo Karmen el Cazador-. O a mi señora Kalipso, ya puestos, que te lee un tarot haitiano que tiembla el misterio.
-Nosotros, más que místicos, somos un poco bestias, Herr Kaiser.
-Algunos más que otros -dejó caer Loba Viperina-. Aquí el colega tridáctilo es medio demonio nada más.
-Das stimmt... Pero mamá es una cambiaformas de las buenas -musitó Acosador Nocturno escondiendo la cola entre las piernas.
-Mi buen amigo Conrado Carretero aquí presente -intervino Tormentosa acariciando el cogote añil del corrido Acosador Nocturno- teleportará al grupo entero a través de los obstáculos una vez este dé con el rastro olfativo del Pedrolo. Guakanda es muy bonito y todo eso, pero hay jungla, maleza y pantanos a cascoporro, y cada cordillera que tira de espaldas.
-Si es que encima está concienciada con el bullying y tal, tío. A la que pueda, me monto una manada con ella fijo -volvió a susurrar Jacobo Rosel a Kalibán.
-A ver si te voy a tener que arrancar la cabeza -respondió Kalibán a la oreja peluda del Lobisome.
-No sabía que los Pedrolos del Infinito olieran -se extrañó la Bestiola.
-Oler, lo que se dice oler, no huelen -aclaró Tormentosa, sonriendo de soslayo a la Panthera.- ¿No, rey de mi vida?
-Su alteza -corrigió Karmen.
 -Ajum -carraspeó la Panthera-. El caso es que... la noche pasada estábamos ahí en el tálamo real dale que te pego y... nos dio por jugar. Ya me entendéis...
-También son ganas de complicarse en el tálamo, con lo bien que se hacen estas cosas en la cama, rica -comentó Loba Viperina, mirando a Tormentosa.
-Nein, yo no entiendo ni torta.
-... que se nos fue un poquillo de las manos y el Pedrolo del Alma acabó en salva sea la parte. Y a la mañana siguiente ya no estaba.
Los siete -recuérdese que a Guay Child le estaban cambiando el pañal y Güendigo había ido a hacer popó, que luego todo son pleitos por un quítame allá esa frase-, los siete, decíamos, se quedaron mirando hacia una parte concreta y prieta de la anatomía de Tormentosa.
-Ni lo sueñes -dijo Loba Viperina-. Hasta ahí podíamos llegar.
-¡TODO SEA POR LA MISIÓN! -exclamaron al unísono Tigre Blancurrio, Karmen el Cazador, Jacobo Rosel, Kalibán, Acosador Nocturno y la Bestiola.

miércoles, 17 de abril de 2019

Cuentos de "El Eskrull Achispado" (43)

-Ya era hora, chavales... -saludó la Panthera sin dejar de mirar su móvil.
-Hemos tenido problemas técnicos -mintió Juanqui McCoy.
-El peludo este, que no sabe pilotar -terció Loba Viperina.
-Yo... Es que le rasca la tercera -volvió a  mentir la Bestiola, mirándose las uñas de los pies.
-¡Tormentosa, mein Freund! ¡Cuánto bueno por aquí! ¡Anda que no ha llovido desde que dejamos la Patrulla Picante!
-Se exagera mucho con eso de las precipitaciones selváticas. Aquí en Guakanda la mitad de los días es que te torras -precisó Tormentosa, echándose la ebúrnea cabellera atrás para dejar ver su divino rostro de ébano.
-Y que lo digas -aseguró Jacobo Rosel-. La cara también es bonita, eso sí.
-Como que te estás fijando en ella -dijo Loba Viperina-. Tiran más dos t...
-¡Quiero pañal! -exclamó Guay Child a voz en grito, con un sentido de la oportunidad más que remarcable.
-¡Ay fo! ¡El nene echó tremenda criolla ahorita!
-¿Qué te pasa, bonito? -preguntó Tormentosa, acercándose a este último-. Uff, qué peste. ¡Guardias, lleváoslo!
-Tampoco es para meterlo preso, vamos, digo yo -le reprochó Karmen a la reina.
-Van a cambiarle el pañal.
-Ah.
-¿Güendigo?
-Al fondo a la derecha -le señaló Tormentosa con regio ademán-. No olvides tirar de la cadena y bajar la tapa.
-Si es que lo tiene todo, macho: guapa, niñera, comprensiva, hacendosa. Y con idiomas. Estoy por proponerle que sea la madre de mis lobeznos -susurró Jacobo Rosel a la oreja de Kalibán.
-Yo le dejaría que me arrancara la cabeza -coincidió Kalibán.
-Oye, Panthera, a todo esto. ¿Para qué nos has hecho venir? -preguntó Karmen el Cazador.
-¿Eh? ¡Ah, sí! Oye, Capitán Norteamérica, luego te llamo y echamos otra, que ahora mismo estoy liao. Tú, el del bigote, ¿qué me decías?
-Que para qué hemos venido a Guakanda.
-¿Su alteza?
-Uno ochenta y dos. Sin zapatos -contestó Karmen, alzando el mentón.
-No, que me trates de alteza. Es que soy rey y todo eso, por si no te habías coscao.
-Haberlo dicho.
-Su alteza.
-Haberlo dicho, su alteza -refunfuñó Karmen-. Si no fuera por la película...
-¿Qué película?
-Iba a decirnos para qué nos ha traído aquí, su alteza -intervino justo a tiempo Juanqui McCoy.
-Bah. Poca cosa. Peccata minuta, que se dice. Es que anteayer perdimos un Pedrolo del Infinito, ¿no, churri?
-Sí, rey mío -dijo Tormentosa.
-Su alteza -corrigió Karmen.
-¿El Pedrolo del Alma? ¿El del Tiempo? ¿El de la Mente? -preguntó la Bestiola echándose las zarpas a la cabeza..
-No sé, para mí que era así como verde -concretó la Panthera.

domingo, 3 de marzo de 2019

Cuentos de "El Eskrull Achispado" (42)

Una vez traspuesta la inmensa puerta de madera de wengué con unos veteados la mar de bonitos, las nueve superbestias -sin ánimo de ofender- se hallaron bajo un imponente techo catedralicio, en un extremo de una alfombra de perlas, zafiros, esmeraldas y circonitas, empequeñecidos por lisas paredes de ónice negro. Flanqueando la alfombra, un mudo ejército de momias con atuendos reales bastante ajadas y otro de guerreros guakandianos vivos en algo mejor estado fueron testigos del vacilante avance del atónito noneto. Al fondo, MUY al fondo, junto a su hermosa consorte, Tormentosa, los aguardaba la mismísima Panthera Negra, sentada en su regio trono, porque uno, cuando es rey y todo eso, no espera a las visitas de pie en plan plebeyo, hombre, hasta ahí podíamos llegar.
Aquí, es que o encajas una descripción con adjetivos y cosas de esas al principio, o no hay manera luego de meter baza con estos nueve zurumbáticos dándole a la sinhueso. Sus fastidiáis, ea.
-Pedazo casoplón tiene aquí el amigo -silbó Loba Viperina-. Este sí es un partidazo y no vosotros, panda de mindundis.
-Pues el suelo es de tarima flotante -remarcó Karmen el Cazador-. Igual alguien se quedó corto de pasta con tanta alfombra y tanta pared de ónice.
-No, hombre, esto tiene que ser parqué del bueno -se extrañó Jacobo Rosel, agachándose para olisquear el suelo.
-Es tarima, fijo -aseguró Kalibán-. Viene machihembrado y se coloca muy fácil. Y no requiere acuchillarlo ni nada.
-¿Te gusta el bricolaje? -preguntó Juanqui McCoy.
-Me lo explicó el instalador que vino a casa antes de que le arrancara la cabeza.
-Estuvimos pensando poner tarima en la choza, pero a Kalipso le pirran los tacones altos.
-¡Fijaos cómo se arrodillan ante Güendigo, Kameraden! ¡Unglaublich! -señaló Acosador Nocturno a los guerreros que se ñangotaban al paso del afable caníbal gigante de pelambre blanca.
-Güendigo... -dijo Güendigo y alargó la manaza para comerse al guerrero más a tiro, el cual, ante semejante honor, se dejó hacer ante los envidiosos cuchicheos del resto de lanceros guakandianos.
Quince minutos después, llegaron por fin ante el trono. La Panthera, que se había olvidado de ellos, descansaba su mandíbula real en su diestra, en augusta pose rodiniana, mientras con la zurda terminaba de perder un Apalabrados. A su lado, calipigia y cimbreña ella, cual esbelto junco ribereño, se alzaba la diosa keniata de ojos aguamarina, alba y lujuriante melena y curvas sinuosas cual nilóticos meandros.
-¡Ave María! ¡Esa sí es tremenda mamisonga! Fíjense qué flow... -comentó Tigre Blancurrio.
-Quiero teta -aclaró Guay Child.

lunes, 25 de febrero de 2019

Cuentos de "El Eskrull Achispado" (41)

Ante la puerta del colosal Palacio de la Panthera, un guakandiano de guardia dejó de mirar su móvil nada más ver acercarse a los nueve desconocidos y blandió su lanza cibernética, de esas que lanzan rayos pero con el mismo pincho en la punta.
-Hola, joven guerrero -saludó Karmen el Cazador-. Bonita melena de león te has feriado, ¿eh? ¿Es africano o asiático?
-Qué cosas tienes, cómo va a ser asiático, hombre -comentó Jacobo Rosel.
-Aikú, adodi. Foribale!
-Los leones asiáticos no tienen melena, Karmen. Lo sabe cualquier mocoso de primaria -comentó Loba Viperina, que empezaba a recuperarse del asma tras varios chutes de Ventolín.
-Era por entrar en conversación -se defendió Karmen el Cazador-. ¿Hace calor aquí, no? -preguntó abanicándose con las manos los mofletes carmesíes.
-No seamos maleducados, meine Freunde. ¿Alguien habla guakandiano?
-Güendigo...
-Yo hice primero de EOI -dijo la Bestiola.
-¿Y qué dice el chaval este del taparrabos? -preguntó Lobisome.
-Es que no me presenté a los finales -confesó Juanqui McCoy, agachando la cabeza.
-¿Y si le arrancamos la cabeza? -propuso Kalibán.
-Tengo pis -informó Guay Child, apretando las rodillas.
El soldado guakandiano, que empezaba a estar un poco hasta las pelotas, puso el traductor de Google de su Nokia Nkobo en altavoz:
-Buenas tardes, Freddy Mercury. ¡Ñangótense!
-¡Haberlo dicho antesito, mi pana! ¡Hagan como yo, no sean soplapotes! -exclamó Tigre Blancurrio, ñangot... esto, arrodillándose.
Bestiola, Karmen, Lobisome, Güendigo, Loba Viperina, Kalibán y Acosador Nocturno lo imitaron. Al agacharse, Guay Child se lo hizo encima. El guakandiano, satisfecho, los dejó entrar en palacio con una sonrisa de oreja a oreja: faltaban cinco minutos para el cambio de turno.

domingo, 24 de febrero de 2019

Cuentos de "El Eskrull Achispado" (40)

Guakanda, como ser, pues es bonito, para qué nos vamos a engañar. Un pequeño país rodeado de montañas y selva por todas partes, como Andorra pero sin quesos, siempre tiene su aquel. Ante los ojos atónitos del viajero se ofrecen inopinadas maravillas naturales como el Valle de las Sierpes, plagado de dinosaurios despreocupados por su línea; el Abismo de la Niebla Fresquecilla, donde le toca a uno ponerse una rebequita; la Cascada del Guerrero, donde la Panthera Negra y Kiliminoguer se la... o sea, se cascaban; la Jungla Tecno, a cuya entrada unos simpáticos nativos le ofrecen al turista  cascos aislantes de primera a precio de ganga; o el Altar de Resucitación, muy útil por si ante tanta belleza a ese mismo turista le da un jamacuco de Stendhal o las maravillas naturales esas se la refanfinflan pero le peta la patata. Y el Monte de Vibrantonio, al cual los guakandeses acostumbran acudir los fines de semana de pícnic para recargar sus móviles gratis y mutar un poco sus genes ya de paso.
Y qué decir de la capital del país: Barni Zada, la Ciudad Doradita para unos y Churruscadita para otros, porque allí se asan hasta las piedras.
Súmesele a eso un abigarrado repertorio de tribus nativas que hablan yoruba, cosa que siempre viste mucho, y rinden culto a alegres deidades autóctonas dispuestas a sacrificarlo a uno en un pispás: el Culto de la Panthera, el de Copito de Nieve, el de Leoncio y el del Cucudrulu.
Con estas pinceladas de exótico sabor local, nuestro entregado lector ya puede hacerse a la idea de dónde se estaban metiendo los pasajeros del Kinjet. Y es que con nueve personajes tirando a peludos que según convenio tienen derecho a una frase cada trescientas palabras para integrarse en la trama, a ver quién es el guapo que calza una descripción como Dios manda entremedias de tanto diálogo. Que uno es omnipotente pero no tanto.

sábado, 23 de febrero de 2019

Cuentos de "El Eskrull Achispado" (39)

-Para mí que era por aquí -dijo el Lobisome.
-Eso mismo has dicho hace tres horas agfs... y aquí estamos dando más vueltas que un agfs... tonto, Jacobo, hijo -le echó en cara Loba Viperina, cuyo asma impedía a su sinhueso soltarse las papilas gustativas en condiciones.
-Que no, que no. Que esta vez va en serio -aseguró Jacobo Rosel, cuyo hirsutismo le permitía mentir la mar de bien sin que se le viera el colorete en las mejillas.
-Por este tamarindo ya hemos pasado -dijo Karmen el Cazador.
-¿Cómo lo sabes?
-Huele a pis de Güendigo.
-Güendigo... -dijo Güendigo mirando hacia el encharcado suelo fangoso.
-¡Güendigo pito! ¡Güendigo caca! -exclamó Guay Child, encaramándose acto seguido al tamarindo para comerse unos frutos.
-¡Apéese chamaco y no forme revolú o le daremos una catimba por sajorí! -exclamó Tigre Blancurrio.
Guay Child se lo quedó mirando desde lo alto del tamarindo con cara de Guay Child.
-¡Que bajes o te arrancamos la cabeza! -le aclaró amablemente Kalibán, siempre dispuesto a ayudar.
-¡Si es un crío, Kalibán, gott im Himmel! Un poco más de tacto, hombre -terció Acosador Nocturno.
-¡Si bajas ahora mismo igual no te arrancamos la cabeza!
-Eso está mejor -aprobó Acosador Nocturno.
-Cuando me canse de arrancar cabezas igual me dedico a la docencia.
-Sabia decisión, si me lo permites -contemporizó Acosador Nocturno, quien desde bien pequeñito tenía en gran aprecio su azulada cabeza de orejotas puntiagudas.
-¡Es por aquí! ¡Seguidme! -les llegó el grito de la Bestiola a través de la espesura.
Karmen el Cazador, el Lobisome, Güendigo, Loba Viperina, Kalibán, Acosador Nocturno y Tigre Blancurrio se adentraron en la susodicha espesura llena de zarzas, reluctantes. A repelo, vamos. Guay Child, al verse solo, no tardó en bajar del tamarindo con la boca llena de ídem.
-No sé yo... -murmuró Acosador Nocturno.
-Si se sacó afgs... el carné a la agfs... cuarta.
-Mis sentidos son más agudos que los suyos -se ufanó Jacobo Rosel.
-De ilusión también se vive -dejó caer por lo bajini Karmen el Cazador.
-¿Qué? -preguntó el Lobisome.
-¿Yo? No, nada. Igual es que no me has oído bien.
Llegados al claro, descubrieron a Juanqui McCoy, cuyo índice apuntaba con orgullosa certidumbre hacia su destino:

A GUAKANDA
TO´TIESO 2 KM

Guay Child se quedó mirando el dedo de la Bestiola, por lo demás de impecable manicura.

sábado, 16 de febrero de 2019

Cuentos de "El Eskrull Achispado" (38)

Con un estrépito que puso en fuga a una manada de chillones cercopitecos y les llevó el desayuno a la cama a ciento diecisiete leopardos soñolientos, el Kinjet llevó a cabo un aterrizaje de emergencia, poniendo a los nueve pasajeros perdidos de zumo de guanábana, que el Tigre Blancurrio había rebajado con nueve décimas partes de ron para quitarle ese saborcillo agridulce.
-¡Wepa! ¿Qué pasó, mi pana? -preguntó Tigre Blancurrio.
-¡BAMF! ¡AYAYAYAYAY! -bamfeó Acosador Nocturno, evitando mancharse con su cóctel y volviendo a materializarse sobre los vidrios rotos de la copa de Karmen el Cazador.
-¡PICAPICAPICAPICA! -chilló Guay Child, que se había bebido su copa de golpe con el último tumbo.
-¡Estate quieto, niño bobo! -lo reprendió Loba Viperina-. Y tú, paliducho, aparta la cebolleta de mi cuerpo serrano y dame las gracias: ya tienes combustible para gayolas para este lustro.
-Güendigo... -dijo Güendigo, retirándose con las manazas en la entrepierna.
-¿Quién osa atacarnos? -preguntó Karmen el Cazador, empuñando una lanza bantú de las de marca.
-¡Les voy a arrancar la cabeza! -aseguró Kalibán, erre que erre.
-¡Tremendo jangover el de mi corillo! No busquen rebuliar con nosotros. ¿Están pajuatos? -dijo Tigre Blancurrio por si había alguno que lo entendiera.
-¿Qué ha ocurrido, Bestiola? -quiso saber Jacobo Rosel, acercándose de un brinco a un sudoroso Juanqui McCoy aferrado a los mandos de la nave-. ¿Algún enemigo de la Panthera? ¿El Simihombre? ¿Kiliminoguer? ¿Venommcio? ¿El Barón Macabrón?
-Me saqué el carné a la cuarta -confesó la Bestiola, secándose el sudor de la frente.

Tigre Blancurrio, Karmen el Cazador, Kalibán, Guay Child, Jacobo Rosel, Güendigo, Loba Viperina, Acosador Nocturno y la Bestiola bajaron del Kinjet, no necesariamente en ese orden, que tampoco hay que ponerse tan quisquillosos con naderías, hombre. De inmediato la espesura de la lujuriante jungla tendió su verdeante manto húmedo sobre ellos y a Loba Viperina le entró un amago de asma.
Todos guardaron silencio, solo roto por el exótico canto de aves selváticas y un jadeo asmático algo más prosaico, adentrándose en el laberinto verde. Conocían bien lo que la jungla puede hacerle a un hombre. La selva te acoge sin más entre sus sombreados vericuetos, te acepta como eres. No te juzga. Después, pisada a pisada, sucumbes al instinto primitivo, al impulso poderoso que nace en tus tripas y te encuentras a ti mismo por fin, perdiendo tu camino para siempre sin ser consciente de ello. Olvidas cuál era tu propósito anterior, porque has vuelto a casa y deambulas sin prisa entre la fronda marcando tu territorio en cada árbol, al encuentro de jugosas frutas colgantes, palpitantes bestezuelas rastreras, simpáticos caníbales ahítos y achispadas negras culonas.