miércoles, 15 de abril de 2020

Retornada



Pedí que volvieras con el cierzo de la margen izquierda, la orilla tabú que marca nuestra frontera, y lo has hecho, cambiada: desnuda, angulosa, enjuta y desgreñada cual ginestra, los dientes limados como las heréticas hienas que adoran del otro lado del torrencial padre Ébero; la mano de la alzada lanza sin meñique. Nuestros enemigos se lo arrancan a mordiscos para sus dioses.

Podría avisar a la tribu.

Tus ojos de caracal se hunden en mí y luego se posan en mi diestra. "Ven conmigo", dicen. No lo repetirán.

Sumido en tu recuerdo, contemplo mi mano sabiendo que no tengo valor. Que nuestro encuentro termina aquí.


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